Copyright © 1993 Depósito legal pp.76-0010 ISSN 0378-1844. INTERCIENCIA 18(1): 33-38

ENSAYOS
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ENSAIOS


EDUCACION Y FUTURO *

VICTOR MORLES **

* Versión parcial y resumida de un capítulo del libro Educación, Poder y Futuro (Morles, 1988).
** Centro de Estudios sobre Educación Avanzada. Coordinación Central de Postgrados. Universidad Central de Venezuela. Caracas.

/ PALABRAS CLAVE / Educación / Futurología /


Cuando el mundo está agitado, como hoy, es fácil comprender que todo se transforma, particularmente la sociedad y el hombre. Lo difícil es saber la causa y la dirección de esos cambios. Muchos han sido los intentos explicativos de este fenómeno a través de la historia, pero ninguno ha logrado aceptación universal. Porque el problema es complejo y toca la esencia misma del ser humano: su perennidad, sus luchas, sus aspiraciones y angustias. En el pasado, surgieron diversas concepciones y doctrinas utópicas o religiosas, y más recientemente teorías supuestamente científicas, intentando explicar las transformaciones sociales y predecir el futuro de la humanidad: unas aceptando y promoviendo los cambios y otras tratando de contenerlos.

Dentro de este contexto aparece la idea de progreso, evolución o desarrollo, la cual sugiere que el mundo va cambiando continuamente hacia estadios que significan para el ser humano su mejoramiento material, intelectual y moral. Pero esta idea hermosa y optimista no ha logrado consenso general porque, según algunos autores, ella es en sí contradictoria, ya que es imposible, digamos, lograr simultáneamente el progreso material y el progreso espiritual. Se dice, por ejemplo que la caída o pérdida del paraíso por Adán y Eva, relatada en la leyenda bíblica judía, tuvo su causa en su insaciable deseo de conocer. Los griegos, por su parte, inventaron la caja que un día los dioses entregaron a la primera mujer, con la estricta prohibición de abrirla, pero Pandora no pudo contener su curiosidad y con ello soltó las calamidades que han azotado al mundo desde entonces. Y más recientemente, es bien conocida la tesis del historiador Toynbee (1957), según la cual existe una alta correlación entre progreso tecnológico y decadencia moral.

Sin embargo, el mundo sigue su marcha: los sistemas sociales nacen, se consolidan, se debilitan y mueren; hay diferencias cualitativas evidentes entre la vida humana de hace varios siglos y la actual. En términos generales los cambios han sido favorables para el género humano como totalidad, aun cuando ocurran retrocesos y subsistan lacras, injusticias y otros hechos anacrónicos. Hay quienes desesperan porque durante sus vidas individuales no se producen los cambios con que sueñan: ignoran que estamos sobre una ola que se rompe en siglos y no en años.

¿Hacia dónde va hoy la humanidad? Y la ciencia, la técnica, la educación, ¿a dónde van?

Hay predicciones negras como la del juicio final de los cristianos o la guerra termonuclear de voces agoreras; predicciones grises como la del paraíso que tendremos después de la muerte; y predicciones risueñas como el reino de Dios, o como los sueños infantiles que son los tuyos y los míos. ¿Dónde está la verdad, dónde está el error?

Futurología y Futurólogos

Los intentos por predecir racionalmente el porvenir social han demostrado, en general, lo difícil de tal tarea. En el pasado muchos pensadores fracasaron por su utopismo idealista: porque en lugar de predicciones sus obras eran proyectos irrealizables; es 1 caso de Platón (427-347 a.C.) con su República, Tomás Moro (1478-1535) con su Utopía, Campanella (1568-1639) con la Ciudad del Sol, Francis Bacon (1561-1626) con su Nueva Atlántida, Agustín (354-430) con la Ciudad de Dios Aldous Huxley (1894-1963) con Un Mundo Felix, y los proyectos de los socialistas utópicos J. Meslier (1664-1729), G. Babeuf (1760-1797), C. Saint-Simon (1760-1825). Ch. Fourier (1772-1837) y R. Owen (1771-1858).

Algunos autores han practicado juegos futuristas o de ciencia ficción como Luis Sebastián Mercier (1740-1814) en su obra El Año 2440; Julio Verne (1828-1905) con De la Tierra a la Luna o su Viaje al Centro de la Tierra; George Orwell (1949) en su obra 1984; H. G. Wells (1862-1946) con La Máquina del Tiempo, e Isaac Asimov (1922-1992) con Fundación, El Sol Desnudo y Los Propios Dioses. Ellos han contribuido con su intuición y su genio a escrutar tendencias y a entrever caminos del futuro; pero para ellos, también, la verdad huye como pez que se va de las manos y siempre regresa.

Aun cuando hay antecedentes en Demócrito, Epicuro, Lucrecio, Maquiavelo, Vico, Bacon, Kant, Hegel y Malthus (1766-1834) -1 profeta del colapso-, se puede decir que los enfoques científicos sobre el futuro aparecen en el siglo XIX en las obras o fundamentados en el pensamiento de tres grandes estudiosos: Lewis Morgan (1877), con sus investigaciones sobre las etapas evolutivas de la humanidad (salvajismo, barbarie y civilización); Charles Darwin (1809-1882), al descubrir la ley de la evolución de los seres vivos; y Carlos Marx (1818-1883), quien al analizar los factores de cambio, particularmente en la sociedad capitalista, plantea que la historia humana está determinada por una ley objetiva según la cual las transformaciones de la sociedad son producto de las luchas entre clases sociales antagónicas que se forman como consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas.

Como reacción a esta última tesis han aparecido en este siglo concepciones como la determinista y pesimista de Spengler (1880-1936), quien plantea la teoría de que las culturas se desarrollan y mueren en ciclos de unos mil años, lo que significa que hoy debemos estar presenciando la agonía de la civilización occidental. Más tarde, Toynbee (1889-1975) ha sostenido que lo planteado por Spengler es cierto históricamente, pero que la sociedad capitalista cristiana tiene la posibilidad de existir eternamente si crea un Estado mundial con ayuda divina y la buena voluntad de todas las naciones. Esta idea es transformada por el teólogo, antropólogo y soñador francés Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955), quien propone un tercer camino para superar los defectos tanto del capitalismo como del comunismo: construir el punto Omega, la "humanidad planetizada" o sociedad comunitaria, no mediante la lucha de clases, sino multiplicando el amor universal contenido en la doctrina cristiana (Teilhard, 1964). Y más recientemente, con el auge del neoliberalismo y un mundo políticamente unipolar, el norteamericano Fukuyama (1989) ha presentado la tesis del "fin de la historia", es decir, puesto que el socialismo ha perdido la batalla, el capitalismo puede vivir en paz eternamente. Ignora este joven que la historia la escribe siempre el vencedor, pero que las grandes ideas no se matan con cañones.

Durante el presente siglo se han producido tres hechos notables que han estimulado los estudios futuristas: la revolución científico-técnica que avanza indetenible, los ensayos socialistas en varios países y la presencia del Tercer Mundo en el contexto político internacional. Este interés ha crecido aceleradamente, de manera que se han ido creando numerosos centros dedicados a la futurología, como ciencia interdisciplinaria cuyo objeto es el porvenir del mundo, y se puede decir que están de moda los futurólogos, o profesionales de esa disciplina; y esos centros ya no son solamente nacionales sino también mundiales, como es el caso del Club de Roma y e1 Centro Internacional de Prospectiva.

De Estados Unidos son muy conocidos los trabajos firmados por Rostow (1960), Kahn y Wiener (1972), Ehrlich (1968), Forrester (1971), Meadows (1972), Heilbroner (1961), Mesaroyic y Pestel (1974), Bell (1973) y Toffler (1970, 1980).

De Europa han tenido gran difusión las obras de Fuller (1969), Dumont (1974), Tinbergen (1976), Schumacher (1973), Galtung (1978), Juvenel (1967), Ellul (1964), Polak (1973), Hake (1972), Aron (1967), Hall (1977), Clarke (1987) y King y Schneider (1991).

De Japón es importante la obra de Kaya (1974), y de América Latina es el estudio coordinado por Herrera (1972) como respuesta a los planteamientos del Club de Roma.

Del lado socialista destacan los trabajos soviéticos de Modrzhinskaia y Stepanian (1974), Skatin (1975), Kosolapov (1976), Kuznetsov (1977) y Fedchenko (1977); y de años anteriores son importantes la obra de Bebel (1975), escrita en 1879, y la del profesor Rodovan Richta (1966), de Checoeslovaquia.

El bienestar o el colapso

Si analizamos los enfoques y diagnósticos del mundo actual, así como los métodos de predicción y los pronósticos logrados recientemente, encontramos lo siguiente:

Primero: Los estudios futuristas reflejan siempre, de manera explícita o implícita, la ideología de sus autores o la dominante en el contexto social en el cual viven.

Es así como la mayoría de los escritores de los países capitalistas desarrollados es extremadamente pesimista (Spengler, Ellul, Ehrlich, Forrester, Meadows, Dumont, Aron, Heilbroner, Kaya), prediciendo un colapso o catástrofe y la inevitable degradación de la calidad de vida en el planeta; o muestran un optimismo que podemos llamar negativo, como sucede con los norteamericanos Bell, Kahn y Toffler, quienes pronostican a mediano plazo una sociedad postindustrial, informática, programada, afluente o tecnotrónica, en la cual habrá un crecimiento acelerado de los índices de producción en los países ricos -aunque no necesariamente una mejor calidad de vida-; pero los países pobres continuarán como están o relativamente peor. Una predicción que Dumont (1974) ha llamado "semilunática" porque en ella no aparecen cambios sociales cualitativos sino los deseos profundos de promover y mantener el sistema político imperante.

Los estudios producidos por pensadores socialistas expresan el optimismo humanista del marxismo, la esperanza en un futuro más humano y se concibe el porvenir como un aspecto de la planificación social a largo plazo. Los trabajos del Tercer Mundo, en cambio, reflejan la angustia de los pobres, la preocupación por la creciente brecha tecnológica con los países avanzados y el conflicto entre imitar la sociedad capitalista de consumo, construir el socialismo igualitario todavía misterioso, o encontrar una tercera vía que se pierde en la bruma.

Segundo: Todos los estudios futuristas parten de un diagnóstico del mundo actual, los cuales son sumamente variados, porque en cada uno de ellos se enfatizan unos problemas mientras se ignoran o menosprecian otros también importantes. De todas maneras, al revisarlos en forma global, es posible identificar las siguientes áreas problemáticas como las de mayor preocupación universal. Ellas son:

-El crecimiento demográfico y los problemas de urbanización que genera.

-El agotamiento progresivo de los recursos naturales (energía, aguas, suelos y minerales) y la creciente contaminación ambiental.

-Los "efectos perverso" de la revolución tecnológica, es decir, consumismo, desempleo, alienación, control social, invasión de la privacidad y aparición de nuevas enfermedades.

-La política internacional, que incluye: las relaciones entre potencias y entre éstas y los países pobres, el neocolonialismo, el armamentismo, el comercio mundial y el uso del mar y del espacio extraterrestre.

-El creciente poder, económico y político, de las empresas transnacionales.

-La explosión e implosión informativas y sus repercusiones sociales.

-La situación del Tercer Mundo, o sea, su pobreza, dependencia, acentuada estratificación social, la brecha tecnológica y la deuda externa.

-La vigencia de los derechos humanos (políticos y sociales) que de alguna manara afectan a todos los pueblos.

Y como tendencias generales más probables a mediano plazo, existe un gran consenso en cuanto a que los siguientes hechos continuarán presentes en nuestro planeta por varias décadas; ellos son:

-El crecimiento explosivo de la población, sobre todo en los países atrasados.

-El desarrollo acelerado de la ciencia, la técnica y la industria.

-Un mundo cada vez más unificado (más "aldea global"), por el avance en los sistemas de comunicación, y más estandarizado, en cuanto a alimentación, lenguajes, técnicas e instrumentos.

-Crecimiento del sector económico terciario (servicios) con estancamiento relativo del secundario (industria) y decrecimiento del primario (agricultura).

-Planetarización de la economía y de los problemas sociales.

-Automatización creciente de la agricultura, la industria y los servicios.

-Conquista progresiva del espacio extraterrestre y sus recursos.

-Establecimiento de un nuevo orden económico y político internacional, cuya orientación es hoy impredecible.

Tercero: Para lograr pronósticos sobre el futuro de la humanidad, se han utilizado diversos métodos o combinación de técnicas, principalmente los siguientes:

(a) La especulación o intuición individual, a la manera de los profetas y de los autores de ciencia ficción;

(b) Las encuestas a expertos, mediante técnicas diversas tales como: el método Delphi, la matriz de impacto cruzado, los escenarios y las tormentas cerebrales;

(c) Las extrapolaciones estadísticas, con base en conjuntos de series históricas de largo plazo;

(d) Los modelos matemáticos con simulación por computadora; y,

(e) El método histórico-dialéctico, que identifica las contradicciones y los sectores sociales emergentes en el sistema social dominante y diseña el futuro en función de esos sectores.

Cuarto: Como resumen podemos decir que las opciones o alternativas que se derivan de las obras y estudios más conocidos y recientes sobre el futuro pueden clasificarse en tres categorías:

(a) Los pronósticos pesimistas, según los cuales el género humano desaparecerá de la tierra como consecuencia de alguna catástrofe: diluvio universal (como anuncia la escatología cristiana), guerra termonuclear o agotamiento de los recursos naturales.

(b) Los pronósticos reformistas, los cuales predicen el mejoramiento progresivo del sistema capitalista dominante; y,

(c) Los pronósticos progresistas o revolucionarios, los cuales prevén la aparición progresiva de nuevos tipos de sociedad cada vez más humanos.

Los sueños del dictador

Creo que hay pocas dudas sobre nuestra posición. El colapso no puede, no debe, suceder; porque el futuro se construye, no se espera. Los locos con poder, los depredadores de la naturaleza y los profetas del desastre no deben triunfar. Y no hay porvenir dentro del sistema social dominante -excepto a corto plazo y para una minoría privilegiada- porque este sistema no puede resolver la crisis que vive este planeta: el hambre, la miseria, la justicia ciega, la desigualdad social y entre naciones, la alienación del hombre.

El mejoramiento en esta forma de vida es ilusión, sobre todo para la mayoría engañada por su misma ignorancia: el pobre que deja el burro y monta un caballo viejo, mientras el rico cambia su automóvil por un helicóptero. Hay mejoramiento en el sistema sí, pero debo decirte, hermano, que en un mundo que es de todos tú comes, vives, ríes más que yo y eso no es justo.

Además, tampoco es buena hoy la vida en los países avanzados. Galtung, el famoso sociólogo, recuerda la satírica solicitud de "¡Ayuda para los países ricos!", que circuló hace algunos años en Europa, la cual se justificaba, según los autores, en el hecho de que en esas naciones, con apenas 10% de la población mundial, ocurre el 98% del consumo mundial de drogas, el 86% de la impotencia y frigidez, el 50% de las muertes por ataques cardíacos y el 80% de los suicidios (Unesco, 1982).

Lo cierto es que aun cuando es innegable el dinamismo, atractivos y riqueza del actual sistema económico y político burgués, es evidente que en el último siglo el mismo ha sido golpeado duramente: han desaparecido los imperios construidos en Asia, Africa y América por naciones como España, Inglaterra, Francia, Holanda y Alemania; han surgido antes de tiempo las primeras experiencias socialistas; y Estados Unidos, a pesar del inmenso poder acumulado -pero con la mayor deuda externa y el mayor déficit fiscal del mundo- no siempre logra imponer su voluntad.

Y aunque en años recientes el capitalismo ha logrado contener el avance del sistema alternativo, no hay dudas de que el mismo está herido por contradicciones internas y dificultades que a la larga lo hundirán: sus crisis económicas recurrentes, el antagonismo entre automatización y empleo, la técnica avanzada destruyendo el ambiente, una democracia formal cada vez más corrupta, una libertad ilusoria, y un Tercer Mundo donde la furia crece como el hambre.

Esto justifica nuestra convicción de que quizás mañana, décadas después o cualquier día no muy lejano, habrá sobre la tierra un nuevo tipo de sociedad, más humano y más justo, que dará paso luego a sistemas que serán siempre mejores.

¿Cómo será esa sociedad?

Cuando hablamos de la sociedad futura posible -llámese socialista, comunista, punto omega o xy- nos referimos a un sistema social que es negación del modelo hoy dominante y también superación del socialismo hasta ahora ensayado en muchas partes. Pero no haremos aquí una descripción detallada de sus posibles características; porque es imposible prever especificidades sobre algo en gran parte impredecible y porque aquí nos interesa solamente identificar aquellos rasgos generales que pueden ser determinantes del modelo de educación futura. Pero conviene enfatizar que la sociedad deseada no saldrá de la nada, no aparecerá en forma espontánea, sino que será producto de muchas luchas sociales, difíciles, organizadas o no, grandes y pequeñas, teóricas y prácticas, violentas y pacíficas. Pero también del trabajo, del estudio y la imaginación. Un proceso complejo que avanza superando numerosos errores, obstáculos y contradicciones. Porque la historia es barco al garete en medio del mar: no se detiene, es cierto, pero marchará mejor si es conducido. Por eso, es preferible construir el futuro que sentarse a esperarlo.

Los rasgos esenciales de esa sociedad mundial y autogestionaria, en la cual todos somos protagonistas, han sido enumerados, imaginados o descritos por muchos autores (Marx, Engels, Bebel, Lenin, Garaudy, por ejemplo), pero en mi opinión, quien ha logrado la síntesis más lúcida ha sido José Stalin (l879-1953), el dictador soviético, quien oprimía pero también soñaba1. Cuando el 9 de setiembre de 1927 recibía la primera delegación de trabajadores norteamericanos, expresó ante ellos:

". . la anatomía de la sociedad comunista puede ser descrita como sigue: Es una sociedad en la cual: (a) no habrá propiedad privada sobre los instrumentos y medios de producción, sino social, colectiva; (b) no habrá clases sociales ni Estado, sino trabajadores de la industria y la agricultura que administran los asuntos económicos mediante una asociación libre; (c) la economía nacional, organizada según un plan, estará basada en la tecnología más avanzada, tanto en la industria como en la agricultura; (d) no habrá oposición entre ciudad y campo, entre industria y agricultura; (e) los productos se distribuirán según el principio de los viejos comunistas franceses: de cada quien según su habilidad, a cada quien según sus necesidades; (f) la ciencia y el arte disfrutarán de condiciones suficientemente favorables como para alcanzar su pleno florecimiento; (g) los individuos, ya liberados de toda preocupación por el pan diario y de la necesidad de adaptarse a los poderes establecidos, serán completamente libres. Y unas cuantas cosas más; pero, es cierto, nosotros todavía estamos muy lejos de esa sociedad".

Como se ve, la nueva sociedad es una revolución: es la socialización de la producción material, pero también del saber y del poder. Los ensayos presocialistas conocidos apuntan en esa dirección: quieren ser una profundización de la democracia burguesa, pero también preparación de la base material y moral para la sociedad venidera.

La revolución científica

¿Cómo será la educación en ese sueño de ojos abiertos?

Es fácil comprender que la sociedad deseada sólo será posible cuando exista un alto desarrollo de las fuerzas productivas y de la conciencia social. Para lograr estas condiciones será esencial la educación. De allí la tesis subyacente a lo largo de toda la exposición: la ciencia, la técnica y la educación -y no la política, la economía, la raza, la religión o la fuerza militar- se irán convirtiendo, progresivamente, en los factores determinantes del progreso social. Por eso hay que desarrollarlas al máximo, hoy y en el futuro, sobre todo en los países atrasados. Pero ¿cómo hacerlo?, ¿cómo producir más y distribuir mejor la producción para que haya alimentación, vivienda, salud, transporte y tiempo libre para todos? ¿Cómo elevar la conciencia social? El asunto es difícil, sobre todo si pensamos en la ignorancia y a la enorme infelicidad que hoy agobia al mundo, con una miseria universal que, como ha dicho Josué De Castro (1908-), ha dividido aí mundo en dos grupos de seres humanos: el de los que no comen y el de los que no duermen. "El grupo de los que no comen habita en los países pobres y se considera aplastado por la opresión económica de las grandes potencias industriales. El grupo de los que no duermen habita las áreas más ricas del planeta, pero no duerme por el miedo que le causa la posible revuelta de los que no, comen" (De Castro, 1984).

Conviene recordar que la revolución industrial se produce cuando formas de energía no humana o animal (el vapor y la electricidad, concretamente) se incorporan al proceso productivo. Pero, el sistema capitalista -secuela de esa revolución- es mucho más dinámico que los anteriores (feudalismo o esclavismo, por ejemplo) porque sus valores básicos -dinero, propiedad privada y libre competencia- estimulan como, nunca, la innovación tecnológica y la producción material. Se establece así, en menos de dos siglos, una vinculación íntima entre la economía, la invención y la ciencia, con consecuencias todavía difíciles de establecer. Es la revolución tecnológica, científico-técnica o del siglo XX: cuando la técnica se convierte en industria, la ciencia y la educación en factores productivos directos y se inicia la era de la automatización. Revolución que tiene como sus componentes básicos los nuevos descubrimientos en las ciencias básicas, en la cibernética y en la informática (Morles 1988).

Una revolución tan grande que ya no hay razón técnica para la existencia de tanto atraso y miseria en el mundo, pero que, en cambio, está contribuyendo a aumentar las desigualdades sociales, a degradar el ambiente, a enajenar al ser humano, a proletarizar el trabajo intelectual y a desintegrar el saber. ¿Qué hacer? ¿Quién controlará la máquina? ¿Quién controlará el poder?

La sociedad educadora del futuro

Parece ser, pues, que hoy no existe para el hombre opción más racional y hermosa que una sociedad que sea cada vez más democrática y justa. Una estructura social en la cual, como ha dicho Fromm (1962) ser valga más que tener y a la que iremos llegando y que se habrá logrado cuando, como decía Marx (1974):

". . haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y con ella la oposición entre trabajo intelectual y trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva...

¿Cómo será la educación futura? Si aceptamos que la nueva sociedad será una organización conscientemente construida y libremente vividad, planetaria, con una gran riqueza colectiva producto del trabajo, la creatividad y la técnica: una democracia total -política, económica y social-, podemos inferir que la educación del porvenir será también democrática y total, funcionando en una sociedad educadora, donde trabajo, vida, escuela y recreación serán la misma cosa.

¿En qué consistirán esa educación democrática y esa sociedad educadora?

No vamos a alargar esta exposición describiendo las variadas concepciones sobre la educación del futuro y preferimos utilizar el espacio disponible para presentar nuestra opinión, aunque sea en forma resumida. Basta con expresar que dichas concepciones van desde la eliminación del sistema educativo (Ilich, 1972; Reimer, 1971) o el continuo perfeccionamiento técnico (Skinner, 1970; Toffler, 1974; Gines, 1980; Clarke, 1987), hasta los movimientos orientados simplemente al mejoramiento de la práctica pedagógica (Fantini, 1976; Richmond, 1967) o a extender los beneficios del sistema escolar a toda la población (Husen, 1978; Boshier 1930)2.

Lo cierto es que en las sociedades clasistas el desarrollo del sistema educativo depende poco de los deseos y capacidades de los educadores e investigadores educacionales y sí mucho de la estructura económico-social que lo envuelve. La investigación y la innovación educativas allí tienen importancia, desde luego, pero sobre todo en el sentido de descubrir deficiencias, criticar el sistema o ensayar opciones futuristas; pero no pueden ser socialmente efectivas sino excepcionalmente porque el contexto anula sus bondades.

En nuestra época, la utilización de tecnología avanzada en educación ha tenido un gran florecimiento y es indetenible el impacto pedagógico de los medios de comunicación social (prensa, radio y televisión). Por ello no es difícil imaginar la educación del porvenir cercano. Los elementos para su predicción están dados: existen bases materiales para una sociedad más rica, justa y diversificada; hay un desarrollo inusitado del saber y la información, y unas ansias crecientes de mayor justicia y libertad. La educación esperada tiene que ser una respuesta a ese reto; y para conformarla hay que comenzar por evaluar los objetivos, contenidos, medios y resultados de la educación actual.

En este sentido podemos decir que, aun cuando la educación contemporánea representa un gran avance con respecto a la existente en estructuras sociales del pasado, los sistemas escolares actuales son objeto de numerosas criticas, no necesariamente congruentes entre sí ni aplicables a todos los países. Ellas se refieren, sobre todo, a que la educación o el sistema educativo vigente: (1) tiene objetivos que no concuerdan con los de la sociedad; (2) no siempre produce los profesionales que requiere la economía; (3) cumple acciones restringidas a sólo una parte de la población; (4) su orientación es básicamente intelectualista y sobreespecializada; (5) su énfasis está en la escolaridad y en el aislamiento con respecto a la sociedad y la vida; (6) su principal función es la legitimación de la estratificación social existente; (7) actúa en forma burocrática, autoritaria y represiva; (8) el estudiante es pasivo y la acción es unidireccional por parte del maestro; (9) centra la enseñanza en la información, la memoria, el conformismo y la homogeneidad y no en la crítica, la innovación y la creatividad; (10) utiliza tecnología muy retrasada en comparación con la industria; (11) sus costos financieros son elevados y crecientes; y, (12) son escasos sus logros en cuanto a desarrollar la conciencia social y el espíritu de solidaridad humana.

De la escuela capitalista se critica, además, la promoción que hace del individualismo, el consumismo y la competencia; sus grandes limitaciones como factor de movilidad social; su función ideológica encubierta; y su manejo como empresa lucrativa.

La educación del futuro será una superación o negación de la presente: una educación para todos, durante toda la vida, en un ambiente de entera libertad, en donde todos seremos educadores y educandos; formadora de hombres totales y versátiles; abierta a toda técnica y a toda innovación; una educación integral, tolerante de la crítica y de la diversidad, cooperativa y solidaria; una educación sin exámenes ni títulos ni problemas de costos, consciente y voluntariamente realizada, como parte de la vida o como la vida misma.

NOTAS

1. La cita de Stalin la hemos tomado de Kerning (1972: vol. 2, pág. 78).

2. El concepto de sociedad educadora varía con los autores. Para Boshier (1980), por ejemplo, se trata simplemente de una comunidad en la cual hay oportunidad de estudio para personas de todas las edades; y para Husén (l978) el concepto se refiere a una sociedad meritocrática en la cual hay una gran expansión de las oportunidades de estudio para todos los jóvenes. La idea de la sociedad educadora tiene su origen en el pensamiento marxista y ha sido desarrollada por pensadores progresistas o cuestionadores como Ilich. Reimer, Goodman y Freire.

REFERENCIAS

Aron, Raymond (1967): The industrial society. New York: Simort and Schusm.

Bebel, Augusto (1975): La sociedad futura. Moscú: Editorial Progreso.

Bell, Daniel (1973): The coming post-industrial society. New York. Basic Books.

Boshier, Roger (1980): Towards a learning society, New Zealand, Vancouver: Learning Press.

Clarke, A. C. (1987): 20 de Julio de 2019. Barcelona: Editorial Planeta.

De Castro, Josué (1964): El libro negro del hambre. Buenos Aires: Eudeba.

Dumont, René (1974): Utopía or else. New York.

Ehrlich, Paul (1968): The populalation bomb, New York: l3allantine Books.

Ellul, Jacques (1964): The technological society, New York: A.A. Knopf.

Freire, Paulo (l969):La educación como practica de la libertad. Montevideo: Tierra Nueva.

Fuller, R. B. (1969): Operating Manual for Spaceship Earth. Illinois: Southern Illinois University Press.

Fukuyama, Francis (1990): Debate sobre "¿El fin de la historia?". En Facetas, núm. 89: 3. pp. 8-13

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Kerning, C. D. (editor) (1972): Marxism, communism and Western Society. New York: Herder and Herder.

King, A. y Schneider, R. (1991):The first global revolution. New York: Pantheon Books.

Marx, C. y F. Engels (1974): Obras escogidas. Moscú: Progreso, tomo III.

Modrzhinskaia, E. y T. Stepanian (1974): El futuro de la sociedad. Buenos Aires: Editorial Cartago.

Morles, Victor (1988): Educación, poder y futuro. Caracas: Universidad Central de Venezuela.

Spengler, O. (1958): La decadencia de occidente. Madrid, 2 vols.

Toffler, Alvin (1970): Future shock. New York: Random House.

Toynbee, Amold (1957): Study of history. Oxford: Oxford University Press.

UNESCO, (1982): Different theories and practices of development. Paris: UNESCO.

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