Copyright © 1996 Depósito legal pp.76-0010 ISSN 0378-1844. INTERCIENCIA 21(6): 235-238


TECNOLOGIA Y POLITICA

FRANCISCO GIL-ARNAO


Los estados comprometidos con el progreso económico otorgan a la tecnología condición de recurso estratégico. Las naciones prósperas exigen cifras y datos específicos de los organismos e instituciones que controlan los indicadores del desarrollo tecnológico: producción de patentes, resultados de la ciencia aplicada, formación de recursos humanos especializados, empresas que invierten en la innovación y conocimiento exacto de la balanza de pagos por servicios tecnológicos. Esos son los parámetros que conforman la agenda de una nación moderna y previsiva para asumir el reto que vivimos. El Jefe de Estado, el equipo ministerial y el colectivo científico de una nación no pueden ignorar la trascendencia de la tecnología; todos estamos obligados a conocer un nuevo lenguaje consustancial con la política de hoy.

Algunos administradores piensan que fomentar la actividad científica trae consigo el desarrollo de la tecnología, lo hacen de buena fe y están convencidos de poseer una verdad incuestionable. En realidad ciencia y tecnología mantienen fuertes lazos de unión y existe una sinergia entre ambas. Sin desconocer la vigorosa participación de la ciencia como factor impulsor de la tecnología del siglo XX, conviene fijar los límites y separaciones entre estos dos aliados.

Presentar a la ciencia como precursora de toda tecnología no se ajusta rigurosamente a la verdad. La ciencia no toma en cuenta la existencia del ethos tecnológico, vale decir la fuerza y la participación creadora de quienes conciben el producto tecnológico, los espacios y laboratorios propios de la tecnología, el capital de riesgo presente en cada proyecto y el azar implícito en las relumbrantes y poderosas capacidades de la tecnología. El hombre de hoy vive consciente de las poderosas potencialidades de la tecnología; estamos en un "período de extraordinaria aceleración del cambio tecnológico" (Sánchez Asiaín, 1994). Ocurren situaciones donde el avance científico es acompañado por el ímpetu tecnológico. España logró cuadruplicar su producción científica entre 1980 y 1995, y consiguió ingresar con propiedad a la Comunidad Europea. Sin embargo, sus dirigentes intelectuales saben cuan lejos está España de alcanzar resultados similares para su tecnología. En el lado opuesto, algunas naciones asiáticas reciben un ingreso en divisas por una tecnología que no es paralela a su producción científica. Debemos estar prevenidos para identificar las condiciones donde la ciencia sirve de motor a la tecnología.

Las patentes forman parte de los instrumentos de mayor confiabilidad para medir el potencial tecnológico de una nación: menos del 3% de las patentes otorgadas corresponden a Latinoamérica, un indicador de su rezago en innovación industrial. El drama no termina allí: recientemente el SELA advirtió sobre la brecha tecnológica entre los países latinoamericanos y los países desarrollados, lo que equivale a aumentar nuestra dependencia. Seguimos marginados de la tecnología actual ¿cuándo empezaremos a enfrentar las dificultades con una programación que nos libre de las ataduras?. Se conocen programas internacionales para fomentar la tecnología latinoamericana y hasta se obtuvieron algunos notables logros, indicios que avalan los esfuerzos para vencer ciertas deficiencias y vacíos. Tampoco éstos parecen ser suficientes.

Una sociedad comienza por ser usuaria de tecnologías importadas pero su mea es crear tecnologías propias para convertirse en exportadora e ingresar al mercado que inventa, procesa, vende, utiliza y transfiere tecnologías. Sin pretender incursionar en las tecnologías de avanzada, las primeras inversiones deben ir hacia la creación de tecnologías requeridas por la producción de bienes de elevado consumo y hacia la solución de problemas de fabricación. Pocas industrias establecidas en Latinoamérica cumplen con este requisito. La tecnología es mercancía que tiene demanda y representa divisas; en eso también difiere de la ciencia.

Parte crítica de la investigación tecnológica es la falta de un presupuesto igual al que se entrega a la investigación científica de vocación académica. La escasez emerge como una constante de los presupuestos que conceden los organismos oficiales a la tecnología; en general se dan a la invención y a la innovación las migajas que sobran cuando se satisfacen todas las otras solicitudes. Palpable es el escaso financiamiento del sector privado a la creación de tecnología: sus líderes prefieren la importación del paquete tecnológico del tipo "llave en mano". Acabemos con esta política dañina, todo intento de cambiar nuestra dependencia tecnológica comienza por otorgar los recursos económicos para proteger la investigación y la ejecución de proyectos tecnológicos. Desde los tiempos de Edison, pionero de la tecnología del sigla XX, se sabe y se aplica.

Nuestro conocimiento y experticia sobre rayos láser, ordenadores, fisión y fusión nuclear, transistores, micromotores, naves espaciales, trenes de alta velocidad, transmisión satelital, robótica, terapia por genes, superconductores de alta temperatura y, en concreto, lo importante para el diseño del futuro, escapa del entorno latinoamericano y se transforma en posibilidad remota. Resulta obligatorio estudiar los ingredientes y mecanismos que hacen posible participar en el universo de la tecnología de frontera.

La universidad puede ser la abanderada para trazar las nuevas fronteras de la tecnología; le corresponde estructurar

la docencia y la investigación para trasmitir el componente tecnológico tan importante hoy en día. A las universidades les toca preparar científicos e ingenieros con credenciales de doctorado, administradores que conozcan de mercados y oportunidades del mundo tecnológico, especialistas en propiedad intelectual, industriales competentes en los aspectos técnicos de las empresas y gente deseosa de romper con los moldes de la conformidad. La universidad latinoamericana debe abrir programas de posgrado en gerencia, sociología y política de la tecnología, para colocamos en tiempo presente y subirnos a la nave espacial donde se desenvuelve la historia de nuestro tiempo.

 

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